Hay gestos que duran apenas segundos
- Guada Espinel

- 5 ago
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El otro día edite una pequeña secuencia, casi un stop motion, donde Manu ayuda a Iñaki a bajar una escalera. Fueron apenas unos segundos. Y me quedé pensando en eso.
En lo poco que duran algunos gestos.
A veces, si tenemos suerte, vuelven a repetirse. No exactamente igual, pero sí de otras maneras. Algunos se convierten en costumbre. Otros cambian con el tiempo. Y otros, simplemente, desaparecen.
Hace unos días mi mamá me recordó una frase que dijo mi hija cuando tenía unos tres años:
“Mamá, te prometo que no voy a dormir la siesta. Y las promesas se cumplen.”
Escucharla me dibujó una sonrisa. Y, al mismo tiempo, me estrujó un poco el pecho.
Porque, si mi mamá no me hubiera devuelto esa frase, probablemente nunca habría vuelto a recordarla.
Y como esa, hay cientos.
Frases. Gestos. Maneras de mirar. La forma en que una mano busca a otra. Las vueltas antes de quedarse dormidos. Esas pequeñas escenas que parecen insignificantes mientras suceden y que, con los años, terminan siendo las que más extrañamos.
Tal vez por eso siento una necesidad casi urgente de registrar lo pequeño. Lo imperceptible. Esos detalles que, sin darnos cuenta, van construyendo nuestra historia.
Escribí una frase. Grabá un video de diez segundos. Sacá una foto.
Porque la historia de una familia también se escribe en los segundos que parecen no importar.



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