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Las últimas veces

El siguiente texto me animo a decir que es un apéndice que se desprende de mi última entrada. Así que, si todavía no la leíste, podés ir una pestaña más atrás y leerla en pocos minutos.


Después de escribir hace unos días sobre los primeros días, me quedé pensando: claro, ahí la tenemos bastante fácil.

Los primeros días suelen estar anunciados.


Un primer día de clases. Una primera comida. El primer acto, un concierto, el primer día de trabajo.

Incluso cuando nadie los anuncia, muchas veces los reconocemos al instante: el primer diente que se cae, los primeros pasos, el primer día de vida.


Los primeros días tienen algo de ceremonia.

Sabemos que están llegando y, de algún modo, nos preparamos para ellos. Los esperamos. Los fotografiamos.


Pero la otra cara de la moneda —los últimos días— es mucho más difícil de registrar.

Porque casi nunca sabemos cuándo están ocurriendo.


Y no hablo solamente de los últimos días en relación con la muerte o con las despedidas de quienes amamos. Aunque de esos también deberíamos ocuparnos más de tener fotografías.

Pienso también en los últimos días de lo pequeño, de lo cotidiano.


La última vez que tomaste la teta.

La última vez que te cargué en el fular.

La última vez que jugamos a las escondidas o me pediste que te enterrara en la arena.

La última vez que los bañé o que se pasaron a mi cama en medio de la noche.

La última vez que mi cuerpo pudo cargarlos dormidos.

La última vez que llenaste tu cabeza de trenzas.

La última vez que me pidieron que les leyera un cuento o me invitaron a entrar a su casita hecha de mantas.


Nadie nos avisa cuándo ocurre una última vez.


Ojalá existiera una bola mágica que nos permitiera saberlo, para detenernos un segundo más, para mirar mejor, para hacer una fotografía.


Por lo pronto, hago lo único que puedo: registrar.

Registrar lo cotidiano.

Registrar lo que hoy parece pequeño.


Si los primeros días merecen ser recordados, tal vez las últimas veces también.



 
 
 

2 comentarios


Solo recuerdo esa última teta pero ni anoté el día. Siento que en mi caso las últimas veces pasan desapercibidas porque siempre hay un “primer día de algo” en el calendario. Que la vorágine no nos coma para poder vivir tanto los últimos, como los primeros con mucha conciencia ❤️.

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Es así Flor, yo creo que es difícil porque generalmente no sabemos cuando son esas últimas veces, pero tal vez la reflexión valga para estar más presentes en el momento, registrar de vez en cuando eso, y que justamente como decís la voragine no nos coma. Gracias por compartirlo 💛

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